
Mientras la manipuladora cobertura del canal Todo Noticias (TN) licúa todo el complejo acontecer político chaqueño -con la presencia de su bufón más renombrado, Julio Bazán- y lo reduce todo a una pelea pasional entre el gobernador Capitanich y su esposa, Sandra Mendoza –“La guerra de los Capitanich”- (lo cual hace más que evidente la necesidad de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual), se produjeron hechos políticos que significaron una ruptura en la lógica de abordaje de la protesta social del gobierno del Chaco. Desde su misma asunción Capitanich ha tenido que lidiar con el heterogéneo arco político de fuerzas políticas que le permitieron consagrarse gobernador en 2.007. Hasta ayer, el gobernador había expresado claramente que optaría por el diálogo y la negociación con los movimientos sociales y de desocupados, antes que por la represión y la criminalización de la protesta social. Los cortes de calle en la capital del Chaco y en las inmediaciones de la Casa de Gobierno se convirtieron en una escenografía habitual para el habitante de Resistencia. Y desde amplios sectores de la sociedad, y también desde adentro de su coalición de gobierno, le criticaban su excesiva vocación de ceder ante los reclamos sociales, advirtiendo que se estaban alimentando demandas que, en lugar de disminuir, nunca alcanzaban su techo.
Todo ese complejo escenario se radicalizó aún más luego de las elecciones del 28 de junio, donde el frente Chaco Merece Más que conduce el gobernador se impuso por más de 30 mil votos a la oposición conformada por el radicalismo más el ARI. La compleja situación financiera internacional-nacional-provincial postelectoral hizo que las demandas se incrementaran, no sólo con cortes de calles y rutas, sino también con acampes en la Plaza 25 de Mayo de Resistencia, frente a la sede de la Gobernación. Así como se enardecieron y volvieron más violentas las protestas sociales, con quema y destrucción de edificios públicos en algunos casos, también se extendió y consolidó en la sociedad resistenciana un amplio consenso en la salida represiva para frenar la protesta social. En el marco de movimientos políticos intransigentes, que apostaron al “cuanto peor, mejor”, que en ningún momento contemplaron la posibilidad de realizar una lectura política del consenso represivo en su contra que estaban ayudando a consolidar, se produjo la decisión que muchos estaban esperando: se desalojó un espacio público donde había un campamento de desocupados que reclamaba por promesas incumplidas del gobierno provincial. Es cierto que una parte importante de ellos recibe el apoyo y la logística de la oposición política provincial –léase Alianza Frente de Todos-, no obstante resulta injustificable semejante despliegue para demostrar una supuesta autoridad, que en realidad, lo que hace es desnudar la impotencia de un gobierno provincial que no encuentra respuestas al conflictivo panorama de la provincia.
Tal vez, para muchos funcionarios provinciales ver ese acampe era ver todos los días su propia impotencia de no encontrar una respuesta razonable a esos reclamos que, insistimos, son sobre cuestiones que el gobierno se comprometió a cumplir. Ahora no verán el acampe, pero los problemas sociales persisten, y es un imperativo resolverlos. El Chaco es una de las provincias con mayor pobreza del país, eso ya no es noticia para nadie.
Uno de los principales representantes de los “halcones” que propician la política de garrote para eliminar a la conflictividad social, es el vicegobernador Juan Carlos Bacileff Ivanoff, que, cada vez que Capitanich no estuvo en la provincia, buscó las mil y un maneras para deshacerse de los revoltosos que tanto afean a la bella y pura Resistencia. Hasta hace pocos días, sus intentos habían sido infructuosos, pero a partir del 30 de septiembre a las 14, algo cambió. Justo es recordar que cuando los chacareros mantuvieron sitiadas ciudades enteras como Presidencia Roque Sáenz Peña por varios días, provocando desabastecimiento e impidiendo el paso de ambulancias, muy pocos desde el gobierno provincial señalaron el remanido latiguillo de que "el derecho de uno termina donde empieza el derecho de los demás" o "el derecho a la libre circulación". Claro, es lo que el presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcatti, alguna vez dijo: "Hay piquetes blancos y piquetes negros".
Pero lo más curioso es que este acampe en la Plaza 25 de Mayo no era un corte de calles. Lo que molestó aquí es mirar las consecuencias del abandono del Estado durante muchos años. Por supuesto que eso no se puede atribuir exclusivamente a este gobierno de Capitanich, la destrucción y el latrocinio provincial fue un largo proceso que contó con la complicidad de amplios sectores de la sociedad que, justamente, hoy le reclaman palos para los que protestan, muchos de los cuales son los mismos que reclamaban en gobiernos anteriores.
En medio de esto, no se puede soslayar que durante el operativo de desalojo se pudo comprobar como un comisario -claramente identificado- agredió deliberadamente a un reportero gráfico de un medio local. Luego de ver la fotografía que prueba el accionar de ese comisario, el ministro de Gobierno, Juan Manuel Pedrini, sólo le pidió disculpas al fotógrafo. Antes, había dicho que su lesión fue un “efecto colateral” del operativo.
¿Capitanich cedió al reclamo de los halcones? Esa parece ser la conclusión. A tal punto que la propia esposa del gobernador, luego de tratar de impedir el desalojo con su presencia en apoyo a los movimientos sociales, fue despedida del gabinete provincial. Y, al día siguiente, el gobernador anunció el inicio de los trámites de divorcio y ordenó que se prohíba su ingreso a la Casa de Gobierno.
La lógica de culebrón que le imprimen los medios concentrados porteños esconde lo que verdaderamente está sucediendo en la provincia, y es que los “halcones” se comienzan a imponer a las “palomas” en la respuesta al conflicto social, o lo que es lo mismo, el gobierno de Capitanich comienza a recostarse sobre la derecha política que integra su coalición.